Un grupo de investigación de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNC busca estrategias para evitar que este depredador de especies nativas genere un desbalance en el agroecosistema.

Hace dos años, investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad del Comahue alertaron sobre una especie de vaquita asiática –similar a la de San Antonio– que no solo se alimenta de pulgones, sino del resto de las especies generando un impacto negativo en el agroecosistema.

La voracidad, la adaptación y la alta tasa de reproducción de este insecto lo hace aún más agresivo. El objetivo de los investigadores es definir el área de dispersión y elaborar un plan para su regulación. Además de estar en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, también se encuentra en el norte neuquino y en Bariloche.

La vaquita asiática multicolor –Harmonia axyridis– es un depredador generalista altamente voraz, muy fácil de reconocer porque es la vaquita de mayor tamaño, tiene una M en el tórax y coloración variada. Su voracidad lleva incluso al canibalismo.
Hasta no tener un panorama más preciso que determine en qué lugares se encuentra, no se podrá determinar una estrategia. En principio, los profesionales alertan a los población en general para que estén atentos ante a las características y dar aviso si encuentran algún ejemplar.

Según los frecuentes monitoreos y muestreos que realizan el grupo de investigación de la cátedra de Zoología Agrícola de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNC, actualmente a cargo de las ingenieras agrónomas (Mg) Anabel Olave y Graciela Dapoto, fue detectada por primera vez para la Patagonia en el 2009 en la localidad de Huinganco sobre ejemplares de áfidos en álamos. Hasta entonces era simplemente un coccinélido que se alimentaba de los pulgones. En septiembre del 2012, en predios frutícolas de Cinco Saltos fue hallada sobre poblaciones de cochinillas. A partir de ahí en todos los predios frutícolas de la región.

Alerta de depredación

“Hace dos años comenzamos a estudiar las disminuciones importantes de las poblaciones de vaquitas de San Antonio nativas, provocadas por el incremento de las poblaciones de H. axyridis sobre poblaciones del pulgón del duraznero. En diciembre de cada año el pulgón busca hospederos alternativos y ahí es donde comenzamos a observar la depredación masiva del ejemplar asiático sobre el resto de las especies nativas. Esto fue coincidente con un estudio realizado en Mendoza”, explicó la ingeniera Olave.

También en otros lugares del país y del mundo se registraron efectos directos sobre manzanas, vides y frutos rojos, produciendo daños directos con sus consecuentes pérdidas económicas en estos cultivos.

Afecta la calidad de vinos

Además de generar un impacto negativo en el agroecosistema, este coccinélido tiene un impacto en la calidad de la producción de vino. “Al estar presente sobre las uvas deja un sabor desagradable, lo que se traduce en la disminución de la calidad del vino”, señaló Olave. “No sólo afecta a los organismos benéficos sino también en este caso sobre la producción del vino que en la región es muy importante”, agregó.

La profesional destacó que el continuo crecimiento de esta plaga podría generar “un desbalance en el agroecosistema”. “Cuando se introdujo esta especie se hizo para controlar los pulgones. Cuando se trae un controlador biológico se estudia cuál es su función en ecosistema y su relación con otros artrópodos, pero el comportamiento puede cambiar al lugar de origen de la especie”. Es decir que el contexto es determinante en el comportamiento, desde el clima hasta el alimento.

Los cambios climáticos registrados en los últimos años en la región del Alto Valle favorecen la expansión y el establecimiento de la especie. “Estamos estudiando hace dos años en pulgones del durazneros que es muy visible este comportamiento. Todavía estamos en proceso de saber cuál es la reducción de otras especies”.

El objetivo no es extinguir a la vaquita asiática porque eso también podría generar un impacto negativo en el agroecosistema. “Queremos evitar la dispersión, que si se encuentra puedan dar aviso. Pero extinguirlo no, porque siempre que se extingue una especie también se provoca desbalances, preferimos que sea armónico. Queremos reducir el área de dispersión”, concluyó la especialista.

Los cambios climáticos registrados en los últimos años en la región del Alto Valle favorecen la expansión y el establecimiento de esta especie.

Una especie invasora en apenas veinte años

Esta especie, nativa de Asia, fue introducida al país a fines de los años 90 en Mendoza como método de control biológico de los áfidos (pulgones), lo que se desconocía era su relación con el resto de las poblaciones de artrópodos. El comportamiento de cada especie siempre está condicionado por el medioambiente.

Su alta capacidad reproductiva y elevada tasa de consumo (entre 600 a 700 áfidos en toda su vida), hace que sea muy eficaz en la disminución de las poblaciones de pulgones, pero su voracidad hace que también pueda alimentarse de organismos benéficos, como las larvas de otros predadores.

En el 2001 fue detectada en Buenos Aires, en el 2004 en Santa Fe y en el 2008 fue considerada una especie invasora. En el 2009 se encontraron ejemplares en la provincia de Neuquén.

La dispersión de la especie es favorecida por el transporte, la globalización, a su plasticidad en la adaptación y capacidad de dispersión a través de sus vuelos en poblaciones.